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martes, 8 de febrero de 2011

Miedos

Miedos…

Soy una persona que cree en la gente, en la vida, en la fuerza de voluntad. Me he llevado bastantes palos, bastantes lecciones aprendidas, que te ayudan a saber en quién puedes confiar y en quién no; que te ayudan a formar el grupo de gente que va a formar parte de tu vida. Pero tu vida… ah, la Vida, puede cambiar de un momento para otro. Puede morir el padre de tu mejor amigo, haciendo cambiar su forma de comportarse, o haciendo que se pegue un tiro, o se vaya de casa. Pueden pasarte mil movidas, mil cosas que te harían cambiar de parecer respecto a todo. Pero sigues siendo tú.

Con los años, me he ido dando cuenta, preguntándome a qué le tengo miedo, de qué cosas considero yo más importantes en MI vida. En mi trayectoria hasta que la palme, en mi lista de cosas por hacer. Y, tras ir comparando, conociendo y descartando “miedos”, me he quedado con un par, que son las cosas que realmente temo. He descubierto, con el paso del tiempo, con mi ruta a seguir, mis cosas, mi gente, mis historias… que, lo que de verdad tengo miedo a perder a esa persona que tanto significa para mí.

No quiero ponerme pastelón, pero he de admitirlo, esa persona que te quiere, que te ama, por la que sientes lo mismo, por la que lo darías todo… es demasiado importante como para permitirme perderla. Supongo que este es un miedo típico de los enamorados, pero es el: “¿Qué haría yo sin ti?”, hecho realidad. Una puta basura de vida sin pilar ni base.

El otro miedo, más individual pero a la vez relacionado con el todo del universo, de las personas y la tierra, es el tiempo. Ver pasar tu vida, sin saber qué hacer, qué vas a hacer mañana, qué vas a estudiar, de qué vas a vivir, dónde vas a acabar, con quién vivirás… Lo piensas, lo intentas planear aunque sea mínimamente, pero pienso que los chavales de mi edad no tenemos ni puta idea de lo que va a pasar en cuanto salgamos del instituto o de la facultad, cuando tengamos que salir a la calle a buscar curro y seamos independientes de nuestras familias, cuando las realidades que de pequeños pensábamos “de mayor no fumaré” o “no entiendo a la gente que no trabaja” o “no sé por qué coño hay tanto borracho”, se nos hagan actuales, que podrían entrar en nuestra propia vida por no saber llevarla bien. No sé qué pasará, no quiero estancarme, ver cómo pasan los años y no haber hecho nada. Si tienes pareja, alguien con quien montar la vida pieza a pieza, es más fácil, aunque más arriesgado, porque si tiras una de esas piezas que has construido, puede irse todo a la mierda… miedo a cagarla. Pero bueno, supongo que este es el misterio de la vida, que para todos es igual, y que nadie sabe qué le depara el futuro. Lo que sí es seguro, es que todos acabamos muertos y enterraos.

Suerte.

Mibilongo 9/2/11

martes, 12 de octubre de 2010

Hoy

Dime cómo estás hoy, en un día de lluvia. Dime cómo estás, que quiero saberlo...
Hoy, que las ilusiones crecen y mueren, hoy que es día de dolor y melancolía, compartiremos cada uno un extremo de la vida...
No me digas que estás por ahí con tu chico, de tarde amorosa, feliz con el mundo y contigo misma.
Porque yo te diré que estoy aquí tirado echando de menos a alguien como tú, mirando la lluvia y el tiempo pasar por mi ventana.
Dime que vendrás o dime que no me olvidas.
Yo solo te puedo decir que no se si te lo diría.


12//10//2010

City & Colour.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Ideal

Ideal.
Me siento… abandonado. Me explico. He dedicado mi vida a estas ideas. Y he vivido mi vida según estas ideas desde hace 6 meses. Y esta ideología, no ha sido más que un quebradero de cabeza y una hipocresía creciente. No he sido yo, ni ha sido ella, ha sido la relación.
Esta ideología ha sido para mí algo más que una forma de pensar. Ha sido una guía, un sentimiento, una forma de ver la vida diferente, por una parte abierta y nueva, pero por otra parte cerrada y centrada en una misma cosa: el ideal. Y este ha sido mi cielo y mi infierno. He vivido creyéndome el mejor, el más feliz, el más libre. Pero los meses han pasado bastante rápido, y con ellos ha cambiado mi ideal.
Ahora que ha cambiado, ya no soy el más feliz ni el más despreocupado. Ahora soy el más jodido y el más pesimista, el que no deja de pensar en la ideología por las noches, tardes y mañanas, más largas que nunca.
Y ahora, después de seis meses de convivencia contigo, me das la espalda, te olvidas de mí, me ignoras. ¿Y todo esto por qué? ¿Me lo merezco? ¿Me merezco tener que pasar por esto después de 6 meses dándolo todo por ti? Aún eres capaz de decirme que me echas de menos, que esto ya no es igual, que no pasas de mí, que ha sido sin querer… siempre.
Y lo peor no es que no sepa hasta cuándo voy a aguantar, sino que debería haber empezado a olvidarme de ti hace tiempo. Me siento engañado, ofendido. Abandonado. Ya hablaremos.

jueves, 29 de julio de 2010

El aldeano Mariano.

Había una vez en un reino muy muy lejano, vivía un viejo aldeano llamado mariano. El señor cultivaba tomates y lechugas, y con su perro iba por las montañas a que las ovejas pastaran, pero un día... se divisó en lo alto de las montañas una mota, que luego fue una mancha, luego un ser visible, mas tarde una cosa grande y luego... luego era una vaca con lunares verdes! y Mariano la añadió a su rebaño y siguió adelante por las montañas. Horas, días, quizás semanas mas tarde, el aldeano mariano descubrió que la vaca con lunares verdes no daba leche merengada sino que daba petróleo. Así que se hizo un lavado general porque tenia el cuerpo negro y pegajoso, y luego creo una central y mil cosas mas. encontró un macho osea un toro para la vaca y se hizo millonario. hasta que un día... La vaca se quedó preñada porque se les había olvidado usar el plastiquito. Pero cuando nació el pequeño ternero, descubrieron que el padre no era realmente el apuesto toro, sino el aldeano mariano. Salió un señor con cuernos y la piel verde QUE RICURA! los del zoo lo secuestraron y mariano se enfado así que reunió un ejercito de mariposas para derrotar al malvado dueño del zoo, el cual había contratado mercenarios elefantes, los matamariposas porque tiraban aire con la trompa. Las mariposas les consiguieron derrotar gracias a (la ley de noseque que dice que el aleteo de una mariposa puede provocar un tornado, esque no me sale el nombre) entonces todos los elefantes salieron disparados como globos deshinchados. Gracias a esto el aldeano mariano le tiró una pedrada al dueño del zoo al grito de "¡¡YEHA!!" y le arrebató a su hijo bastardo. cuando llegó a casa... le arrestaron por ser un puto zoofílico.
Fin.

Mabel y Miguel, por estos 3 años que nos conocemos. Te quiero mucho gordaa!

miércoles, 5 de mayo de 2010

Búscate

Sus dedos, manchados de tinta, recorrían el papel, veloces como un rayo, buscando la información como un zorro sigue a su presa. Tenía que encontrarlo, tenía que encontrar al causante de sus pesadillas; al que le impedía encontrar paz a lo largo del día; el que no le dejaba dormir. Buscó, buscó, y siguió buscando. Pero algo se le escapaba. Necesitaba una pista, algo que lo condujera a su objetivo. Miles de hojas se alzaban ante el, formando innumerables columnas de papel que luchaban contra la gravedad por no caer. Imágenes, periódicos, textos... Había de todo menos una pista. Y él solo buscaba su nombre. Un nombre entre millones de palabras. Una de mota polvo en el universo. Por supuesto que no lo encontró. No existían los días de suerte. Y si exisitían, no en su vida. Siguió buscando, y nunca paró.

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< Una mirada, el cruze de unos ojos con otros, por muy breve que sea, es algo excepcional >.

lunes, 19 de abril de 2010

Ojos.

Esos ojos marrones que tanto añoraba...
Aquellos ojos que veía a diario, que se separaban de él lo más mínimo posible, que le sacudían por la mañana para despertarle… Ya se había convertido aquello en rutina, no se imaginaba la vida sin compartirla con aquellos ojos marrones. Pero un día, sin más, se fueron. Lo abandonaron.
Sin una palabra de despedida, sin avisar, simplemente se fueron. ¿Y ahora qué?
Se levantaba sin fuerzas por la mañana, caminaba todo el día cabizbajo, pensando, volando en su imaginación, soñando con que algún día volvería a ver aquellos ojos. Inocente…

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Bueno, necesitaba escribir sobre un tema de este tipo, una mariconada ya ves... pero no se, estoy falto de ideas, y la inspiración me viene en la ducha, así que tú dirás qué coño hago xD. Me estoy planteando hacer una historia un poco más larga, con varios capítulos... Ya veremos qué surge.
Salud

miércoles, 27 de enero de 2010

Media Naranja.

Érase una vez un hombre muy solitario que empezó a caminar por el desierto y se perdió. Y en su desesperación, se encontró una lámpara mágica. La frotó, y apareció un mago que le concedería tres deseos.
Primero, el hombre solitario pidió tener una bonita residencia fuera del desierto. El genio hizo que aparecieran allí.
El hombre, maravillado, pidió tener amistades. El genio le regaló unos amigos.
Y para finalizar, el Solitario pidió encontrar su Media Naranja.
Cuando los deseos se acabaron, el hombre se deshizo de la lámpara, para que otros la pudieran encontrar...

Dicen que el hombre aún vive sólo, en la calle, hablando con las paredes, y acostándose con una fruta.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Nochecita

Íbamos a cenar a un restaurante. Estuvimos vagando por las calles del centro un buen rato, por callejones que no habíamos pisado en nuestra vida pero sabíamos que estaban ahí.

Al final lo encontramos: Un lugar, ni caro ni barato, acogedor, con gente amable. No me acuerdo de cuántos ni quiénes éramos. Pedí ir al baño, y una de las camareras me acompañó, a pesar de que el local no era muy grande. Entré dentro… Y ella conmigo.

Me quedé pasmado, pero nadie habló. Nos miramos fijamente y… todo pasó muy rápido. Hicimos el amor. Fue corto pero intenso, y yo todavía no había salido del estado de shock cuando salí del baño tras ella. Entonces me di cuenta. Estaba en el aire, en el suelo, en el sonido, en la ropa, en la comida del bar… Fue como un sexto sentido que se activó. Algo pasaba, y era algo muy gordo. Volví al comedor un poco extrañado, mis acompañantes me miraban con cara de pena, y la demás gente… Bueno, directamente, era cara de odio, de que se estaban controlando para no lanzarme cuchillos. Volví a mirar a mis amigos, y su cara ya no era de pena; ahora decían huye, corre, que no te pillen. Sólo eran gestos, pero les hice caso.

Salí del local, y sentí que todo el mundo se fijaba en mí, que me miraban mal. Yo no sabía qué estaba pasando. Y empecé a correr. Al momento, una multitud enfurecida salió detrás de mí, haciendo que mi adrenalina se impulsara hasta las nubes y haciendo que yo corriera más deprisa. No me cansaba, directamente mi miedo aumentaba. No podía parar.

Llegué a la Alameda. Había pasado un puente del cauce del Turia a toda velocidad, con cada vez más gente a mis espaldas. Cuando me cruzaba con alguien, en cuanto me reconocían, se sumaban a la multitud. Les saqué bastante ventaja, y en un momento que me pude girar a mirar, descubrí que, a parte de ser ya cientos (por no decir miles) de personas, llevaban cuchillos, palos y bates de metal. No me lo podía creer. ¿Qué cojones he hecho? Me dije. Pero esto no lo supe en ese momento, ni nunca lo llegaría a saber…

Me empezaba a cansar, y, al verme flaquear, mis seguidores aumentaron su velocidad, contentos al ver a su presa cansada. Luego todo pasó muy rápido. Me atraparon, me golpearon, pero no mucho tiempo. Me cogieron y me llevó la multitud hacia otro lado, no veía nada. Estoy muerto, pensaba. Y seguramente hubiera sido así, si no existieran ellos. La gente que defiende a las minorías. Joder, pensé, esto es increíble. Otra masa de gente llegó, aunque era más pequeña que la otra, y estas chocaron. Pasé de una multitud a otra, y vi que nadie me cogía. Así que seguí corriendo, escapé hasta mi casa.

Yo, por aquel entonces vivía en un hostal en el centro, una especie de casa de campo muy grande en la que alquilaban habitaciones. Entré por la puerta de atrás, no me vio el dueño. Llegué a mi habitación y me tumbé en la cama. Sabía que me encontrarían, pero daba igual. Me dormí. No quería luchar contra medio mundo.

Cuando me desperté, ya no era el mismo. Quiero decir, seguía siendo yo, moral y espiritualmente. Pero físicamente había cambiado. Era yo. Pensé. Y antes, ¿quién era? Nunca lo supe. Solo sabía que estaba a salvo, en una plaza llena de gente enfurecida. Y en primera fila, yo, con mis compañeros del restaurante. Nadie me dijo entonces lo qué había pasado. Sólo pude saber que iban a colgar a un amigo mío. Lo supe porque yo estaba en primera fila, lógico. Habían más de mil personas. Todo pasó muy rápido. Mis amigos empezaron a llorar, y al que colgaban ni se inmutaba, como si pensara que se lo merecía. En cuanto el verdugo le puso la soga alrededor del cuello y lo alzó, yo salté enfadado: “¡¡No ha sido él, he sido yo!!”. Entonces, me miró y dijo:
“Da igual, si sois prácticamente iguales”.
Todo el mundo se iba ya, mis compañeros seguían llorando, y tú, ahí colgado, aguantando la respiración hasta que llegara la muerte. Corrí y te arranqué la soga, te bajé. No se aún como lo hice. Mis amigos y tú os quedasteis mirándome, un poco flipados. Cogí el cartel que anunciaba tu muerte, no ponía ni el porqué. Me daba igual. Lo cogí y corrí.

Ha sido una extraña historia. Pero te la escribo para que sepas todo lo ocurrido aquella noche. Aún conservo el cartel. Ya te lo devolveré, pero espero que queden años para que te vayas de nuestro lado.

Cuídate.

Tu amigo Miguel.

Mibilongo 12/10/09